lunes, 25 de enero de 2010

Las Conciencias según Freire

Las conciencias son aquellas formas de ubicarse y relacionarse con el mundo, con la sociedad y, en definitiva, con las personas. Son tres las formas de estar existencialmente en el mundo:

a. Conciencia Mágica.
Es aquella en la que el sujeto se sitúa por debajo de un mundo al que no comprende y que le domina, de un modo resignado.
La dinámica “mágica” de relación en la educación determina que hay una serie de personas ignorantes y otras muy sabias, con lo que, el ignorante se sentirá de forma pasiva, con miedos e inseguridades.
Esta dinámica es pasiva y vertical, corresponde a una jerarquía en la que el sujeto se sitúa por debajo de la sociedad.

b. Conciencia Ingenua.
Es en la que el sujeto se sitúa por encima, falsamente, del mundo y la sociedad. Creyendo conocerlos y controlarlos de una manera vertical, no dialógica.
En este caso, el sujeto se sitúa arrogante e ingenuamente por encima del mundo.
Ambas conciencias son formas de opresión.

c. Conciencia Crítica. Es aquella en la que el sujeto se sitúa crítica y dialógicamente con los demás en el mundo social, contribuyendo activamente a su transformación.
Esta dinámica es activa y horizontal, con lo que se está psicológica y comunicativamente en relación recíproca y simétrica con el Otro.
Aquí la clave es el diálogo porque, para Freire, la mejor forma de conocer es hacerlo de manera horizontal y dialógica.

miércoles, 20 de enero de 2010

"Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado"

Paulo Freire

Paulo Freire y la "Pedagogía del oprimido"

Paulo Freire, hijo de una familia de clase media de Recife, Brasil, nació el 19 de septiembre de 1921. Freire conoció la pobreza y el hambre durante la Gran Depresión de 1929, una experiencia que formaría sus preocupaciones por los pobres y que le ayudaría a construir su perspectiva educativa.
Fue educador de adultos y lo que intentaba era que aprendieran a leer y a escribir, al mismo tiene que a reflexionar y ser críticos.
Su método de alfabetización es considerado como uno de los mas rápidos en conseguir que los adultos aprendan a leer (exactamente, el 2º más rápido), entre 4 y 6 meses y se basa en “la pedagogía del oprimido”.

Sus fases son:

- Primeramente el alfabetizador va a donde viven los educandos, para vivir como ellos e integrase en su mundo receptivamente e interactuando. Consiste en conocer el contexto de los educandos, y la mejor forma es “ser uno más”. El conocimiento de las personas a las que va a educar se consigue mediante el diálogo, escuchándolos y viviendo como ellos.
- Después se confeccionan unas láminas con dibujos representando escenas importantes para la vida de los educandos.
- Seguidamente se forman grupos de debate y a partir de las láminas se habla, se discute, y el alfabetizador descubre y anota las palabras generadoras, las que más utilizan.
- A partir de esas palabras generadoras se aprende la escritura de sílabas, a diferenciarlas, y los sonidos. También con estas palabras separadas en sílabas se escriben nuevas palabras que siguen siendo importantes para la vida de los educandos.
Según pasa el tiempo, las palabras que se aprenden son más abstractas y complejas en significado.

En todo momento se sigue discutiendo y dialogando sobre cada una de ellas, pensando sobre ellas.

Sin darse cuenta, el educando va llegando a un mejor dominio de su propio mundo, el dominio verbal, científico, abstracto.

Por tanto, en los círculos de alfabetización aprenden a leer y a escribir muy rápido, a la vez que desarrollan aspectos críticos y aumenta su autoestima.

En conclusión, se aprende a leer y a escribir al mismo tiempo que se discute y se piensa, lo cuál nos dá una de las principales características de la pedagogía de Freire: la importancia del concepto de comunidad

martes, 12 de enero de 2010

Escuela de Summerhill IV

“Si la palabra felicidad significa algo, significa un sentimiento íntimo de bienestar, una sensación de equilibrio, un sentimiento de estar satisfecho de la vida. Estas cosas sólo pueden existir cuando uno se siente libre. Los niños libres tienen caras francas, sin miedo; los niños disciplinados parecen acobardarse, desgraciados, temerosos. Puede definirse la felicidad como el estado en que se tiene el mínimo de represión. La familia feliz vive en un hogar donde habita el amor; la familia infeliz, en un hogar tenso. Pongo la felicidad ante todo porque pongo el desarrollo ante todo. Vale más ser libre y sentirse contento e ignorar qué es una fracción decimal, que aprobar los exámenes escolares y tener la cara llena de acné. No he visto nunca acné en la cara de un adolescente feliz y libre.”

NEILL, Alexander S. Summerhill, Barcelona: Eumo, 1986.

Escuela de Summerhill III

«El único cuidado que habría necesidad practicar en la escuela es la cura de la infelicidad. El niño difícil es el niño infeliz. Está en guerra consigo mismo, y por tanto está en guerra con el mundo.El adulto difícil va en la misma barca. Ningún hombre feliz no ha perturbado nunca una reunión, ni ha predicado la guerra, ni ha linchado ningún negro. Nunca ninguna mujer feliz no ha tratado a regaños el marido o los hijos. Nunca ningún hombre feliz no ha cometido un asesinato o un robo. Nunca ningún patrón feliz no ha aterrorizado sus empleados.Todos los crímenes, todos los odios, todas las guerras, se pueden reducir a una sola palabra: infelicidad. La intención de este libro es de hacer ver como nace la infelicidad, como arruina las vidas humanas y como se pueden subir los niños de manera que la mayor parte de esta infelicidad no llegue a nacer nunca.

¿A qué se asemeja Summerhill? Bien, para decir sólo una, las clases son optativas. Los niños pueden ir o quedarse una hora lejos —por el tiempo que quieran si éste es su deseo. Hay un horario, pero sólo para los maestros.En general, los alumnos tienen clases con arreglo a la edad, pero a veces con arreglo a sus intereses. No tenemos nuevos sistemas de enseñanza, porque no consideramos que la enseñanza sea muy importante en sí mismo. El hecho de que la escuela tenga o no un método específico para enseñar a dividir por muchas cifras no tiene ninguna importancia, porque esta operación sólo tiene interés para aquéllos que la quieren aprender. Y el niño que quiere aprender a dividir por muchas cifras, aprenderá tanto si le enseñemos de una forma como de otra..»

NEILL, Alexander S. Summerhill, Barcelona: Eumo, 1986. (págs 3-4, 7)